No Todos lo Hacemos de la Misma Manera

Hace ya semanas que tengo ganas de sentarme y escribir un poco sobre esto. Sólo tengo el “pero” de no querer que mis palabras suenen a excusas o quejas. A menudo le doy vueltas si demasiadas veces doy explicaciones por aquí. Así a voz de pronto se me vienen a la cabeza estas dos: una y dos. Además de otras muchas varias que voy dejando en pequeñas frasecillas sueltas. Y realmente es algo que no me gusta. Ese tono de protesta que se desprende en ocasiones.

A mí misma me convenzo de que no prometo nada que no cumplo. Pero de alguna manera me siento mal. Estuve a punto de escribir un día algo tan tonto como: “Publicamos lunes, miércoles y viernes..” ¡pero no lo hice! ni siquiera yo sé si podré hacerlo, aunque sí suela.

En cuanto a la tienda, siento la necesidad de explicarme. No lamentarme. Quiero contaos. Me hace feliz poder dar noticias de los avances de nuestra tienda, aunque no cumplan el ritmo estereotipado de todas las tiendas del mundo.

Todos podéis verla ahora aun vestida de verano; el buen tiempo se alargó mucho este año y nosotros con él. En un par de días el cambio será completo. Pero ya os aviso; no esperéis aun un buen catálogo de invierno. El miércoles también por aquí más de mis “noticias” (que no explicaciones), con tienda lista y preparada para comenzar la nueva temporada. Aunque soy más de calor que de frío, adoro cuando se comienza a pisar Noviembre y casi se toca Diciembre.

Sólo será un anticipo de lo que está por venir, un pequeño “aviso” de lo que queda por llegar. Y este punto me vuelve a saber a escolio. Y al mismo tiempo no me gusta nada y lo siento. La nueva  colección será atemporal y absolutamente nueva. Hemos trabajado diseñando los nuevos estampados, dibujados a mano, con todo el amor y el cariño de siempre. Estamos en plena elaboración, bien inmersos y entusiasmados. Por eso hemos creado una sorpresa que tener a mano mientras toda una horneada de pequeñas prendas salen como pan recién hecho.

NO TODOS LO HACEMOS DE LA MISMA MANERA.

No. No todos trabajamos de la misma manera. De la misma forma que todos somos tan distintos que sorprende. Realmente hoy me levante a las seis, salté de la cama, con la dificultad que supone escurrirse entre dos niños, me senté a escribir en el taller, y ahora vuelvo a estar sentada en la cama, tecleteando todo lo rápido que me permite el querer transmitir mis opiniones sobre este tema. Pablo marchó a trabajar y me tocaba volver a custodiar a los pequeños. De hecho ahora voy a dejar este texto a la mitad, voy a apagar el ordenador y empezaré a despertar perezosos. Lavaré caras y vestiré cuerpos en pleno salto y movimiento. Cremas, colonias. Bajaré las escaleras con uno en cada brazo, abriré las contraventanas y comenzará el festival del desayuno antes de poner rumbo al cole. Nos vemos a la vuelta.

¡Regresé! Rodrigo va de un lado a otro como un bichín. Intentaré terminar el texto. De veras me apetece poder escribir sobre como hacemos las cosas, fuera de todo patrón establecido. Con sus pros y sus contras, y siempre con la suerte de poder  hacerlo así.

Ya hace unas semanas la noticia sobre como empresas como Facebook y Google financian la congelación de óvulos de sus empleadas para que éstas no vean perjudicadas sus carreras con la llegadas de nuevos miembros a sus familias, me hizo quedarme ojiplática. Respeto lo que haga todo aquel con su vida. No juzgo nada y a nadie. Pero si me parece de shock el que una empresa te sugiera sutil o no sutilmente que si entre tus planes está el quedarte embarazada, no vas a rendir igual y por eso no van a quererte.

Ya me parece injusto que una madre tenga que llevar a una guardería a un bebé de tres meses y medio; cuando es obvio que no es aconsejable porque, además de que un bebé taan pequeño no es que disfrute precisamente del plan, su sistema inmune madurará tres años más tarde, y por eso virus que veo virus que cojo. Y sumamos destete también obligado. Y es toda una obligación volver a los horarios, a las rutinas.  Conservar el puesto de trabajo por el que tanto hemos luchado por conseguir, formándonos y trabajando todo lo duro que se puede. Estoy segura que muchas madres lo deben pasar fatal. A mí no me dejan de asombrar.

Lo digo millones de veces y también, cuando la frustración por no tener tiempo para avanzar me supera, me lo digo a mi misma otros millones de veces más. Facebook y Google tienen razón, no rindo al 100%, no tengo tiempo para ello. También tiene razón mi madre, todo no se puede hacer. Pablo trabaja sin fechas ni horas. De día, de noche. Todos los días del año. Vive pegado al teléfono y el resto de la familia a un perímetro cercano a casa. Yo puedo dedicar el tiempo que sobra del día. Esto es cuando los pequeños duermen (que no suelen) o cuando Pablo está en casa. También hago horas extras en las madrugadas. Hacerlo así tiene sus contras. No se pueden hacer planes. Nunca se pueden hacer planes. Tampoco contar con un tiempo concreto. No se descansa jamas. Ver una peli en el sofá es un plan obsoleto. No existen los fines de semana. Todos los días son iguales; y a todos se les saca la mayor cantidad de jugo que se pueda.

Por fortuna pudimos elegir este camino que con todos sus peros guarda los pros más agotadores y maravillosos del planeta. El 100% que cambia de lugar. Al hogar. A la combinación explosiva de tareas, mezcladas en espacio y tiempo, que lleva a la frustración y a la más absoluta felicidad en segundos consecutivos. Mi gustosa locura. De paso lento y seguro. Y con la fortuna de vivir y hacer varios sueños al mismo tiempo. La no desconexión, el enredo familia-trabajo. Desorden ordenado.

Sí, existen mil formas de hacer las cosas, más o menos productivas, más o menos suertudas, más o menos maravillosas.

Quería contar más de nosotros, sin excusas ni “peros”.

Feliz día. Feliz semana.

 

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