Nuestra Cocina. Lo que No Ves en una Revista de Decoración

Esta semana la estamos dedicando 100% a la decoración (ya sabéis que podéis entrar en el sorteo de un curso de decoración con Joaquín Torres; más explicadito, con todos los pasos a seguir, lo dejé el lunes, aquí para volverlo a leer y ¡participar!), y aunque siempre me dio cierto reparo mostrar nuestra cocina, una conversación con amigos sobre lo poco reales que se ven las casas en las revistas me ha dado el empujón a hacerlo. Precisamente por exceso de “realismo” no me decidía a mostrar por aquí el lavado de cara que le dimos a la cocina cuando nos mudamos. Para mi gusto, la gran desventaja de las casas de alquiler es que no  puedes hacer realmente lo que te plazca con ellas, y me cuesta mucho frenar ese vicio mío..

La cocina por lo tanto es la que estaba (¡y está), así que solo nos limitamos a dar algunos cambios reversibles. Es por encima de todo una cocina de “carne y hueso”, que nunca podría ser famosa por salir en una revista de decoración, donde el suelo termina lleno de migas cuatro veces al día, las encimeras podrían ser un campo de batalla, la mesa de comedor SIEMPRE está llena de todo un poco (juguetes sobre todo) y en cada trocito hay algo que nunca tiraríamos a la basura, son todo recuerdos.

La gran suerte de esta cocina es que es bastante amplia y nos permite hacer muchísima vida en ella. La mesa es ésta que pintamos en tonos pastel. Nos costó meses terminar de pintar las cuatro sillas y la mesa; pasaban semanas desde que pintábamos una y nos poníamos con la siguiente. No me quiero desprender nunca de ella, al final resultó todo un reto conseguido.

El armario seguramente lo habréis reconocido porque es uno de los muebles icono de Ikea de la serie Hemnes. Ya solo lo tiene en color rojo, lo que se me hace gustoso ¡me chifla en amarillo! Guardo mi colección de tazas ahí dentro cual tesoro, aunque a veces no estén del todo a salvo de las pequeñas manitas que pasean por aquí.

La guirnalda resultó uno de nuestros tutoriales caseros. Recuerdo: aquí.

Todo está lleno de pequeños cachivaches, algunos con muchos años a sus espaldas, pero es que no puedo evitarlo, guardo muchísimas cosas desde que era pequeña y ahora aparecen por todas partes.

La silla alta para Gonzalo. Totalmente recomendada, están millón de veces más cómodos.

En la zona de alacena hemos montado un mural de los buenos. Ahora llega esa época en que el sentimiento de madre orgullosa no me deja no colgar cualquier garabato que cae en mis manos. Esto pronto se convertirá en una extraña galería de arte.

Otra recomendación esta trona, ya lleva par de bebés cargados y sigue perfecta.

La familia pig este verano se quedó plantada en la ventana de la cocina.

Las vitrinas las forramos con papel estampado y los tiradores con washi-tape, bendito invento. Creo que tengo una especie de adicción a éstas cintas.

Desde que Gonzalo comenzó a ir al cole vamos pegando en la pared el dibujo que trae cada día. Todos los días trae dibujos de cacas. Sé que son tremendas indirectas-directas. El periodo de adaptación está siendo duro para todos. Una tras otra… no puedo evitar que me hagan gracia.

Feliz miércoles.

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Comentarios

  1. Me encanta tu cocina. A mi si me parece digna de revista. Tienes unas ideas geniales. Me encantaría ver más estancias de tu casa. Estoy segura de que serán igual de maravillosas y llenas de detalles. Enhorabuena!

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