In my Room

Una de las sensaciones más sencillamente extrañas es la de regresar a tu habitación cuando vives fuera. Recuerdo a mis padres recogiéndome en la estación, volviendo a casa y subiendo las escaleras hasta mi habitación; encontrarla como siempre, salvo con un montón de cosas amontonadas en la mesa, un poco de todo lo que mi madre había recolectado en los últimos meses. Era como si el tiempo no pasara por ella. Después fuimos más los que regresábamos a casa, la ocupábamos con los pequeños, de vacaciones en vacaciones; y ahora que vivimos tan cerquita ha sido Gonzalo quien se la ha adueñado para pasar alguna noche que otra que se le antoja en casa de los abuelos.


La antigua cómoda de mis bisabuelos es la gran pieza de la habitación, fue toda una odisea subirla hasta ahí arriba.

Como ha Gonzalo y a Rodrigo les chiflan, poco a poco he ido recolectando todas las cajas de música que andaban a un lado y otro; ahora están todas ahí encima ¡y cuando les damos cuerda a todas a la vez es toda una orquesta!

Colgados de las paredes también siguen los mismos cuadros, los que colgué yo misma a base de martillear un poco alcayata, un poco pared. Dibujos a cera, collages, bordados. Creo que a todas las chicas nos entra alguna vez en la vida la fiebre de decorar su habitación como locas, y las paredes de mi habitación son la prueba perfecta.

Los pequeños espejos handmade son de lo más fáciles de hacer y sólo necesitamos un espejo de bolsillo, una buena recolecta de conchitas y pegamento.

¿Volvisteis a casa este verano?

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