De Visita ¡Viajeros al Tren!

Vivir en la playa tiene muchos pros, poder disfrutarla todo el año es un privilegio, no lo niego, pero nunca llegamos a ser veraneantes permanentes, y a veces me parece que las familias que se instalan por aquí sólo una o dos semanas saborean más intensamente el verano que nosotros. Cambiar de aires siempre es un plus, y vivir unos días en un lugar distinto al que pateas normalmente te hace querer aprovecharlo más.

Por eso este año nos hemos propuesto ser un poco más turistas, y vamos a intentar vivir todo lo que se nos ofrece, aunque lo vengamos viendo a diario. Hidropedales, mercadillos, cuatriciclos y ¡por supuesto! trenecillo… Preparaos ¡allí vamos!

Justo ayer comenzamos nuestra terapia veraniega, y realmente nos sentimos un poco más de vacaciones por un rato. Dar un paseo montados en el pequeño tren que recorre el parque natural que tenemos justo al lado de casa fue nuestra primera cosa a tachar de la lista.

Gonzalo iba de cabecilla de grupo, con más prisas y ganas que ninguno.

Me encantó poder pillar su carita esperando el tren, con su sonrisa impaciente, apretando dientes de emoción.

El momento tickets no deja de ser emocionante nunca en nuestras vidas, desde éstos de trenecillo, pasando por las entradas de cine y conciertos, los billetes de avión a un destino sorpresa, hasta las de una buena obra de teatro o un gran musical. Siempre me parecen, sean de lo que sean, un gran regalo.

Rodrigo siempre sigue los pasos y el entusiasmo de Gonzalo. El viaje no fue una excepción. Disfrutó de lo lindo observando el paisaje que íbamos dejando atrás. Los dos son grandes botánicos ¡y les gustó taanto ir reconociendo árboles! sobre todo al botánico mayor 🙂

“¡Un pino!”, “¡Una sabina!”, “¡Un puente!”“¡Y un río!”. El gusto de sorprenderte.

Llegamos a destino 10 minutos después, viaje corto pero intenso. Esta zona de la playa está a penas invadida por sombrillas, lo que resulta un lujo, y aunque Gonzalo se resistía a bajar, dejamos el tren y fuimos a pisar la nueva arena.

El camino de vuelta no fue menos emocionante, aunque a Rodrigo se le notó pelín cansadito, cosa casi imposible de ver, y lo hizo rempanchingado en brazos de la abuela.

Feliz día.

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